Una post data

 Queridos enfermos:

Quiero compartir con vosotros una experiencia que a mí me impactó profundamente y que es toda una lección para el que sufre. Se trata del gran sacerdote y periodista José Luís Martín Descalzo.

Cuando estaba prologando su libro “Razones para la alegría” debió someterse a uno de tantos exámenes médicos. Cuando creía haber terminado de escribir el prólogo, a su regreso de los médicos, debió escribir una Post Data, en la que dice, os cito textualmente para no deformar su pensamiento:

“Una nueva razón para la alegría: cuarenta y ocho horas de escrito este prologuillo, en el que yo aprovechaba mi enfermedad para pavonearme un poco de héroe, el médico me concede un mes más de “amnistía”. Me alegra, claro. T, después de reírme un poquito de mi melodramática introducción, me dispongo a robarle a la enfermedad un mes. O dos. O todos los que se deje. Y añado esta posdata para tranquilidad de mis amigos”.

José Luís estaba con los riñones hechos puré. A la semana dos o tres dualizaciones. Hasta que, por fin, los médicos le dan la dura y dolorosa noticia de que le puede quedar un mes de vida. Pero José Luís no se inmuta. Y hasta se atreve a dar la noticia en el prólogo de su libro sobre “Razones para la alegría”. Y habla humorísticamente de “robarle un mes” a su enfermedad que lo tiene condenado a morir.

Siempre lo admiré como escritor. Pero mucho más como persona. Porque hay que tener mucho temple para que a uno le marquen prácticamente la fecha de su muerte y no le concedan sino treinta días, y él no se derrumbe y envíe a la imprenta su libro para otros muchos encuentran razones para seguir viviendo y viviendo con alegría.

Y todavía tiene el atrevimiento de encabezar el libro con un título provocativo: “El sacramento de la alegría”. Y termina el capítulo con otra frase no menos llamativa: “Y es que en toda sonrisa hay algo de transparencia de Dios, de gran paz. Por eso me he atrevido a titular este comentario hablando de la sonrisa como de un sacramento. Porque es el signo visible de que nuestra alma está abierta de par en par”.

Queridos enfermos, ¿seremos capaces de convertir nuestra enfermedad en el sacramento de la sonrisa, en el sacramento de la alegría? Todo es posible.

Vuestro hermano

Clemente Sobrado C. P.

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