Trabajo y Familia

 Queridas familias:

Hoy amanece un nuevo día y lo primero que pensamos es en ir a trabajar. Claro, eso los que tienen la suerte de tener un trabajo digno y dignamente remunerado, pero también los que no tienen esa suerte amanecen pensando en buscarlo o en “agarrar a lo que haya.”

El trabajo debiera ser una realidad a compartir entre todos en familia. Todos trabajan para todos. Y aun los que no trabajan en algo remunerado como los niños, también ellos trabajan estudiando en el Colegio.

La falta de trabajo suele ser una de las fuentes de choques, de roces y de desajustes familiares. Con frecuencia se convierte en el origen de muchos malos humores y de acusaciones: ¿por qué no trabajas? ¡Fíjate en el vecino! ¿Por qué te quedas ahí quieto?

Pienso que esto debiera ser un punto de reflexión entre los miembros del hogar. Nadie deja de trabajar porque no quiere trabajar. Sencillamente los puestos de trabajo no dependen de uno. Uno sale a buscarlos y no los encuentra. Pasarse el día tocando puertas y siempre con la misma respuesta de “venga usted el mes próximo”… no es nada agradable para nadie. Incluso puede que haya días en los que uno francamente ya no tiene ni ganas de salir con tantas puertas que se le cierran y busca un descanso para sus nervios.

Esto lo deben comprender todos en casa y, en vez de echarle más agua fría encima, regalarle una palabra de aliento y de esperanza. Suficientes “no” se reciben en la calle, para que también ahora en casa le castiguen con el mal humor y las acusaciones.

Es cierto que se necesita para comer, pero cuando uno choca con imposibles ¿qué vamos a hacer? Más lograremos con una palabra de esperanza que con mil acusaciones de vago, de despreocupado y de indiferente.

Alentemos todos al que está caído o desilusionado. Más lograremos con una palabra de aliento que con mil de desaliento.

Con mi bendición,

Clemente Sobrado C.P.

 

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