¿Operarse a los 90 años?

Queridos enfermos:

La verdad es que cada día uno aprende cosas y se lleva sorpresas.

Hace unos días, me trajeron a una viejecita que no tenía sino noventa años. Y la iba a operar y quería que la confesase y le diese la Unción de los Enfermos. Y me decía como si se tratase de arreglar un fin de semana: “Padre, usted que es tan comprensivo, ¿me podía dar la Unción de los Enfermos, porque, en estas cosas uno no sabe lo que pueda pasar”.  Se me quiso poner de rodillas. Yo se lo impedí diciendo que se mantuviese sentada que Jesús también se siente a gusto viéndonos sentados. Pero la vieja, no sé si decirle “terca” o demasiado creída de sí misma me respondió: “Por favor, Padre, que todavía me puedo arrodillar y estas cosas hay que hacerlas bien”.

Confieso que no la conocía y tampoco sé lo que sucedió luego. Pero me quedé admirado del coraje y la valentía de aquella mujer. Yo estoy convencido de que la vieja salió bien de la operación, porque con aquella confianza y aquella seguridad era como para afrontar cualquier cosa.

Lo he repetido muchas veces y lo seguiré repitiendo. El estado anímico es la mejor medicina para nuestra salud. Así como la depresión y la tristeza terminan por irnos carcomiendo interiormente y dejándonos sin fuerzas para nada.

Es que la alegría es como una especie de antibiótico que mata los virus de la depresión de nuestro corazón. La alegría y la conformidad y la capacidad de de tener la voluntad de seguir viviendo es la mejor medicina.

Conozco a uno que fue mi profesor allá por los años 1945. Ya entonces estaba a régimen. Todo le caía mal. Era el eterno enfermo. Pero él jamás de dejó una clase por sentirse mal. Jamás dejó de levantarse con la comunidad, a pesar de que nos levantábamos a muy de madrugada para hacer la meditación de preparación para la Misa.  Y ¿quieren saber algo? Todavía sigue trabajando. Con su platito especial, pero ahí sigue en pie y sigue luchando y sigue toda la observancia de la comunidad y sigue al cargo de un pequeño negocio que montó para ganar unos reales para el sostenimiento de la comunidad.

En cambio he visto robles que a la primera se han venido abajo y ya nos han dejado. Sí, amigos, el optimismo y la ilusión son las dos armas más poderosas para seguir adelante aunque sea en silla de ruedas. Dan resistencia para seguir luchando.

Vuestro hermano,

Clemente Sobrado C.P.