Hoja Parroquial

Epifanía del Señor – A | Los Reyes Magos y sus regalos

5 de enero del 2020

Un Dios para todos

Consciente o inconscientemente, todos llevamos en el corazón esa manía de acapararlo todo para nosotros, hacerlo nuestro. Lo que en realidad es una manera de empequeñecer el corazón. Dios tampoco se salva porque todos tenemos esa manía de hacerlo nuestro. El único Dios verdadero es “el nuestro”. El único Dios que salva es “el nuestro”.

La Epifanía no es un juego de niños esperando regalos, ni es tampoco la fiesta de los camellos y dromedarios. Es eso: “Epifanía.” Es decir, manifestación. Apertura de Dios a todos los hombres. ¿Será por eso que Jesús nació fuera de la ciudad, en un pesebre de pastores? Porque la ciudad ahoga, divide, separa, acapara; mientras que el campo es algo abierto, es algo que universaliza. Alguien me explicaba porqué yendo de Jerusalén a Jericó, se veían en el desierto tiendas para dormir y al lado grandes autos Mercedes. Todos estos trabajan durante el día en la ciudad, pero la noche lo pasan al aire libre en el desierto. Dicen que se duerme mejor sintiendo la brisa de la noche en las narices.

El Dios de la Epifanía es el Dios de todos, pero para todos. Nada más nacer ya comienza por abrirse y manifestarse a los que vienen de lejos, cuyas ciudades ni conocemos. Al Evangelista le basta lo de “vienen de Oriente”.

El Dios de la Epifanía es un Dios de todos y para todos, es también una llamada a vivir todos abiertos los unos a los otros por encima de nuestros individualismos esterilizantes que nos impiden ver el horizonte. Me gustó la frase que leí de Aragón: “Ya no son éstos días para vivir separados.” Sí podemos vivir lejos unos de otros, pero no separados. Porque no es tanto el espacio el que nos separa, sino el silencio del corazón.

La Epifanía es una llamada a salir de nosotros mismos y sentirnos solidarios de todos y con todos. La Epifanía no es la fiesta de lo “mío” o lo “nuestro”, sino la fiesta de “todos”. Dios no se deja encerrar y nos quiere ver encerrados. Es Dios que nos quiere ver con una mente abierta a todos, con un corazón abierto a todos, con preocupación por todos, nos quiere ver con un corazón universal donde caben todos y no se excluye a nadie. La Epifanía es la fiesta de la casa sin puertas, sencillamente, porque es una casa sin paredes y donde todo es puerta. ¿Cuándo será que los hombres dejemos de emparedar nuestros corazones y los convirtamos en puertas por donde puedan entrar todos como en el corazón de Dios?

Los Regalos de Reyes

En muchas partes, la noche de Reyes está marcada por la famosa Cabalgata y por los Regalos a los Niños. No sé por qué identificar la fiesta de los Reyes Magos con los regalos a los niños.¿Será porque ellos llevaron regalos al Niño Jesús? Bueno, si es por eso yo también espero algunos regalitos para este 2020, pero no quiero regalo de juguetes pues ya soy un poco viejo para pensar en muñecas o carritos o soldados de plomo, tampoco quiero ser egoísta y pedir regalos sólo para mí. Yo quiero regalos para todos, que todos podamos compartir.

Primer regalo: La capacidad de saber ver las señales de Dios y de su presencia en medio de nosotros.

Segundo regalo: La decisión de ponernos en camino en la búsqueda de Dios.

Tercer regalo:  La capacidad de seguir adelante en nuestras oscuridades, incluso si la estrella se apaga y ya no alumbra el camino. Que no nos escandalicemos de los defectos de la Iglesia ni de los cristianos. Es posible que también Dios hable a través de nuestras propias debilidades como invitación para que tú seas más auténtico.

Cuarto regalo: Capacidad de reconocer en la debilidad de lo humano la presencia de lo divino.

Quinto regalo: Que durante este año 2020 aprendamos a cambiar de caminos. Hay caminos que ya no llevan a ninguna parte. Hay caminos que nos desvían del camino. Hay caminos que pueden ser muy fáciles, pero que no llevan a ningún sitio. Dios abre siempre nuevos caminos. Cuando pensamos que uno se cierra, otro comienza a abrirse. Es aburrido caminar siempre por el mismo sendero, ese ya le conocemos. Hay que buscar otros nuevos. Tendrán la novedad de lo desconocido.

Tu Camino y tu Estrella

Cada uno tiene su camino personal para llegar a Dios. No se trata de decir cuál es el mejor de los caminos, porque el mejor camino para ti, es el tuyo, no el mío ni el de tus amigos.

Es un camino personal que, además, sólo tú puedes andar y recorrer. Nadie caminará por él. Cuando decimos que “Jesús es el camino” estamos diciendo una gran verdad, pero la manera cómo cada uno vive su experiencia de Jesús es diferente.

No quieras imitar a los demás, descubre tu propio camino. ¿Que fulanito tiene tal devoción? Está muy bien, hasta es posible que a mí no me diga nada, pero es su camino. No tratemos de imponer a los demás nuestra propia espiritualidad, somos únicos delante de Dios y para Dios.

Por eso también cada uno tiene su propia estrella. Unos descubrimos a Dios de una manera y otros de otra. Lo importante será que cada uno reconozca las señales que Dios va poniendo en nuestro propio camino. Esas señales serán las que a ti te guíen hasta el portal, hasta el corazón de Dios.

La Madre Teresa tenía en los más pobres la estrella que le marcaba su propio camino. Otros podrán descubrir que su camino es el servicio a los enfermos, a los ancianos, a los maltratados, a los niños de la calle. O, simplemente, puede que tu estrella sea tu propia esposa o tu esposo, a quien tienes que amar y ayudar.

Recuerdo a aquella señora que un día me decía: “A mí Dios no me pide grandes cosas. Sólo me pide que ame a mis nietos huérfanos a los que tengo que querer como si fuesen mis propios hijos.” Para ella, su estrella eran sus nietos y a través de ellos descubría la voluntad de Dios sobre su vida. Hasta es posible que los nietos jamás hayan descubierto que ellos fueron para la abuela la estrella que guiaba su camino de santidad.

Todos buscamos

Los Magos, no sabemos quiénes son ni de donde son, sólo sabemos que son hombres que en su corazón han sentido señales, señales de Dios y que ellos ven como estrellas.

Todos llevamos dentro una estrella y eso que no somos astrónomos.
Todos llevamos dentro una estrella que nos habla de algo nuevo que ha aparecido en la historia.
Todos llevamos dentro una búsqueda, la búsqueda de Dios, aunque Dios sea un Niño nacido en un pesebre.
Todos llevamos dentro, muchas veces sin saberlo, la búsqueda de algo que nos llene.
Porque todos somos peregrinos de la verdad, aunque vivamos inmersos en la mentira.
Porque todos somos peregrinos de Dios, aunque nos sintamos bien sin Él.

Siempre habrá ahí dentro, en medio de tus búsquedas y de tus preocupaciones, un vacío de alguien que no sabes quién es pero que se llama Dios. No importa el nombre que le pongas. Puedes llamarle riqueza. Puedes llamarle droga. Puedes llamarle trago. Puedes llamarle sexo. Poco importan los nombres. Pero en realidad sí que tiene nombre. Tú vacío te pone en constante caminar por la vida y es posible que, sin buscarle, le estés buscando a Él hasta que le encuentres.

Los vacíos de la vida hablan de algo que te falta.
Los vacíos del corazón hablan de algo que buscas aun sin buscarlo.

No lo busques donde Él no está. Ni busques llenar tu corazón con lo que lo dejará más vacío. Búscalo allí donde Él se revela y se hace visible, aunque su imagen sea la de un Niño indefenso y con frío en su cuerpo.

Lo peor que puedes hacer es quedarte con tus vacíos y dialogar con tus vacíos. Lo mejor de tu vida es ponerte en camino, aunque a veces te quedes sin luz y no sepas a dónde vas. Al final volverá a relucir, en cualquier momento, una estrella que te lleve hasta el final. Puede ser un pesebre. No importa. Porque será tu encuentro con Dios.

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