Hoja Parroquial

Cuaresma 1 – A | Las Tentaciones de Jesús
Domingo 1° de marzo del 2020

¿Qué, tienes tentaciones?

Muchos se asustan de que suelen tener muchas tentaciones. Pues a mí me parece muy normal el que seamos tentados. Por dos motivos. Primero porque el mismo Jesús fue tentado y, en segundo lugar, porque la tentación revela nuestra condición humana y revela también el misterio de nuestra libertad.

Ser libre significa que delante de mí tengo distintas opciones. La del bien y la del mal. Significa que delante de mí tengo distintas posibilidades. La de ser fiel a la gracia y la de ser infiel a la gracia.

Ser libre, además, significa que tengo libertad de escoger los caminos de Dios o sencillamente mis caminos. Por eso, ser tentado es una de las realidades de nuestra condición humana. La tentación en sí misma no es nada mala, es sencillamente parte de nuestra realidad.

La tentación puede significar dos cosas. O bien el peligro de desviarnos de Dios, o bien demostrar y manifestar nuestra fidelidad a Dios. Entonces, la tentación es sencillamente un momento donde la gracia es más que nuestra debilidad y nos hace más fuertes que nuestras flaquezas.

También tenemos que reconocer que la tentación nunca se presenta como invitación a lo malo. Al contrario, la tentación suele presentarse como atractiva. Por eso en la tentación suele haber mucho de engaño y de mentira. La primera tentación de nuestros padres en el paraíso estuvo embellecida por algo estupendo: “Seréis como Dios”. ¿Y quién no quisiera ser como Dios?

Las mismas tentaciones de Jesús en el desierto están camufladas y presentadas como realizaciones de la voluntad de Dios y como una manera de identificarse como Hijo de Dios: “Si eres Hijo de Dios…” El demonio hasta le cita un texto de la Escritura. Ese es el peligro de las tentaciones, no percibir la mentira que hay en todas ellas. De ahí que es preciso estar siempre atento y saber discernir bien las cosas. La verdad de la tentación y del pecado no suele verse antes de consentir, sí luego que uno ha consentido. Recién entonces uno toma conciencia de la mentira que había en lo que se me ofrecía.

No seamos fáciles en decir sí a la tentación. Pensémoslo bien primero, si luego no queremos sentirnos desnudos y avergonzados de nosotros mismos.

Muchos se quejan de que cuando eran malos tenían menos tentaciones, pero ahora que han tomado en serio el camino de la santidad las tentaciones se multiplican. Esto es lógico. ¿Acaso alguien se imagina que los Santos no tuvieron tentaciones? El que está embarrado no hace falta ensuciarle más. El problema es de quien está limpio y teme ensuciarse.

Plan Cuaresmal

Creo que pudiera servirnos como criterio para vivir plenamente esta Cuaresma 2020, lo que dijo un día Martin Luther King: “Me gustaría que alguien dijera aquel día (el de su muerte) que Martín Luther King trató de amar a alguien. Ese día quiero que podáis decir que traté de ser justo y que quise caminar junto a los que actuaban en justicia, que puse mi empeño en dar de comer al hambriento, que siempre traté de vestir al desnudo. Quiero que digáis ese día que dediqué mi vida a visitar a los que sufren en las cárceles. Y quiero que digáis que intenté amar y servir a los hombres… Y que todas las otras cosas superficiales (Premio Nobel de la Paz del 64) no tendrán importancia.”

¿Y qué quisiéramos que dijesen de nosotros cuando lleguemos a la Pascua?
¿Y qué quisiéramos que dijesen de nosotros cuando muramos?

¿Podrán decir que hemos tomado en serio el Evangelio cuaresmal que nos invita a la conversión?
¿Podrán decir que durante estos cuarenta días hemos luchado por ser libres y por hacer libres a los demás?
¿Podrán decir que durante estos cuarenta días nos hemos amado más entre nosotros y hemos amado a todos los demás?
¿Podrán decir que hemos hecho nuestros los sufrimientos de los débiles y necesitados? ¿Qué podrán decir los demás y sobre todo qué podrá decir Dios?

Los grandes títulos no pasan de ser un Diploma colgado de la pared. Nuestra verdad somos nosotros mismos y nuestro amor al prójimo.

La Cuaresma es un camino

 

Un camino que hay que andar.
De lo contrario, ¿para qué sirven los caminos?

Un camino bautismal.
Un camino de conversión.
Un camino de esperanza pascual.
Un camino de gracia.
Un camino que se hace con Dios al lado.
Un camino que hay que hacer en comunidad.

El desierto es el camino de un Pueblo.
¿Dónde estás y dónde quieres llegar?
¿Quién eres y quién quieres ser?
¿De qué esclavitudes quieres salir?
¿A qué libertades quieres llegar?
¿De qué estás descontento contigo mismo?
¿Qué cosas te harían realmente feliz?

Para este camino se necesitan pocas cosas:
Libérate de todo lo que pesa en tu alma.
Aligérate para que puedas caminar mejor.

Para el camino cuatro cosas son esenciales:
El Evangelio como guía de ruta.
La Penitencia como medio de cambio.
La Eucaristía como alimento en tus debilidades.
La Oración como oxígeno de tu espíritu.

No trates de llegar antes de tiempo,
pero tampoco llegues tarde a la meta.
Tendrás la tentación de quedarte.
Tendrás momentos de gozosa experiencia.
Tendrás sed el camino, pero encontrarás un pozo.
Tendrás momentos de oscuridad, pero Él será tu luz.

Aunque te sientas muerto, alguien te regalará la vida.
Al final, podrás encontrarte resucitado con el Resucitado.

Una Cuaresma para crecer

No podemos tomar en broma el tiempo de Cuaresma.
Es un tiempo que nos regala la Iglesia:
Para cambiar.
Para crecer.
Cada uno verá lo que quiere hacer de su vida.

Tenemos una serie de oportunidades.
De nosotros depende aprovechar este tiempo.
No culpemos a los demás de lo que somos.
Cada uno es responsable de lo que somos o no somos.
Cada uno es responsable de su empeño en cambiar y en crecer.
Cada uno es responsable de lo que es y de lo que puede ser.
No responsabilicemos a los demás de lo que somos, porque los únicos que tenemos que responder de nosotros somos nosotros mismos.

Todos sabemos que tenemos que creer:
Crecer en la fidelidad a nuestro bautismo.
Crecer en la fidelidad a nuestro compromiso con los demás.
Crecer en la fidelidad a lo que Dios espera de nosotros.
Culpar a los demás es no querer asumir nuestra responsabilidad.

Yo soy lo que soy y no lo que ti eres.
Puedo crecer y puedo quedarme achatado.
Puedo ser santo y puedo quedarme en vulgar cristiano.
Pero la responsabilidad es mía.

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