Domingo 31 – C | Zaqueo, el publicano | 3 de noviembre del 2019

Proclamamos el Evangelio de Jesucristo según San Lucas en el Capítulo 20, versículos del 27 al 38:

Acercándose algunos de los saduceos, esos que sostienen que no hay resurrección, le preguntaron: “Maestro, Moisés nos dejó escrito que si muere el hermano de alguno, que estaba casado y no tenía hijos, que su hermano tome a la mujer para dar descendencia a su hermano.

Eran siete hermanos; habiendo tomado mujer el primero, murió sin hijos; y la tomó el segundo, luego el tercero; del mismo modo los siete murieron también sin dejar hijos. Finalmente, también murió la mujer.

Esta, pues, ¿de cuál de ellos será mujer en la resurrección? Porque los siete la tuvieron por mujer.”

Jesús les dijo: “Los hijos de este mundo toman mujer o marido; pero los que alcancen a ser dignos de tener parte en aquel mundo y en la resurrección de entre los muertos, ni ellos tomarán mujer ni ellas marido, ni pueden ya morir, porque son como ángeles, y son hijos de Dios, siendo hijos de la resurrección.

Y que los muertos resucitan lo ha indicado también Moisés en lo de la zarza, cuando llama al Señor el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob. No es un Dios de muertos, sino de vivos, porque para él todos viven.”

Palabra del Señor

Breve comentario del padre Clemente:

Amigos de cada domingo: ¿Verdad que el Evangelio de hoy da la impresión de estar escrito en Hollywood? Porque aquí desfilan maridos como si fuese un desfile militar, pero no se preocupen que la cosa va por otros caminos.

¿Saben lo que está en el fondo de todo? Algo muy simple, ¿hay resurrección o no hay resurrección? Y si hay resurrección, ¿en qué consiste? ¿En la prolongación de la vida humana pero en unas condiciones de mayor felicidad que aquí en la tierra?

Esta era la discusión entre fariseos y saduceos, los dos grandes grupos de aquel entonces. Los que intervienen aquí son precisamente los saduceos que sostenían que no había resurrección después de la muerte y le proponen a Jesús este caso que es como una especie de trampa. Según la ley llamada del levirato, si un hermano moría sin descendencia su hermano debía casarse con la viuda para darle descendencia. Pero aquí hay siete hermanos que se casan con la misma mujer. Y menos mal que terminan diciendo, “por fin se murió la mujer”. Desde luego primero se llevó por delante siete maridos. No me digan que aquí no hay resistencia, tener que aguantar a siete maridos…

La respuesta de Jesús es clara: ¡Claro que hay resurrección! Además Jesús señala que resucitar no es una simple prolongación de esta vida, sino que es transformar nuestra vida en una vida glorificada, donde la única realidad será el ser “hijos de Dios” y que por eso, Dios no es un Dios de muertos, un Dios de cementerios, sino un Dios de vivos, de los que viven para siempre.

 1.- Realmente que es un Evangelio bien extraño. Pareciera el matrimonio de las grandes artistas del cine.
RESPUESTA: Pero no negarás que se trata de una mujer brava, se llevó por delante a siete maridos. Lo que yo me pregunto es que, ante esa experiencia, los que se casaban con ella tenían que estar muertos de miedo.

2.- Bueno, ya sabemos que se trata de un relato falacia para entrampar a Jesús o sea que tampoco le podemos dar demasiada importancia ni a ella que “por fin también se murió”.
RESPUESTA: Evidente que se trata de una trampa que los saduceos le ponen a Jesús .

3.- Pero, ¿con qué intención?
RESPUESTA: Fariseos y saduceos estaban divididos en torno a este tema, era uno de los temas polémicos entre ellos. El mismo Pablo, cuando lo llevaron al tribunal romano, viendo que entre los acusadores había fariseos y saduceos utilizó la trampa.

4.- ¿Qué trampa?
RESPUESTA: Desviar el problema. Comenzó a hablar de la resurrección y el efecto fue inmediato. Fariseos y saduceos comenzaron a pelearse entre ellos hasta tal punto que fue preciso disolver la sala y así lo dejaron en paz.

5.- ¿Qué buscaban ellos de Jesús?
RESPUESTA: En primer lugar, reafirmar su fe en la no resurrección y, en segundo lugar, si Jesús decía que no había resurrección, el lío lo iba a tener con los fariseos.

6.- Pero Jesús no pisó el palito…
RESPUESTA: Jesús era demasiado listo para caer en la trampa. Y como siempre que le hacían estas preguntas capciosas, Él se salía por la tangente y ofrecía criterios de lectura para que ellos luego hicieran su propio discernimiento.

7.- Pero, en el fondo, Jesús reafirmó la verdad de la resurrección.
RESPUESTA: No solo la reafirmó, sino que lo hizo de una manera muy delicada.

8.- ¿En qué sentido lo hizo de una manera delicada?
RESPUESTA: En primer lugar, les cambió la idea que ellos se hacían de la resurrección de los muertos. En segundo lugar, acudiendo precisamente a su propia tradición religiosa, presenta la imagen de Dios como un Dios de vivos y no un Dios de muertos. Lo cual significaba también una afirmación de que los muertos siguen viviendo.

9.- ¿Es la resurrección algo tan importante como crear esas divisiones entre ellos?
RESPUESTA: No solo era importante para ellos,también para nosotros es fundamental. Como dice San Pablo, “si no existe resurrección, estamos haciendo el tonto y somos los hombres más infelices del mundo”.

10.- ¿Y por qué?
RESPUESTA: Porque el hecho de que nosotros resucitemos es una manera de reafirmar la resurrección de Jesús. Además, si no existe resurrección, ¿en qué podemos fundamentar nuestra esperanza? Estaríamos condenados, como decía la filosofía existencialista “al vacío y a la nada”. Yo prefiero vivir creyendo en la resurrección que no tener como horizonte el vacío, la nada.

11.- ¿Cómo hace Jesús para destruir la falacia de siete matrimonios, siete maridos y una sola mujer?
RESPUESTA: Muy fácil. La vida eterna no es la vida humana y temporal. Aquí nos casamos por toda una serie de motivos: el amor humano, la vida sexual, la procreación de los hijos, la complementación entre hombre y mujer como superación de nuestra soledad.

12.- ¿Y en la resurrección qué va a pasar?
RESPUESTA: Que de esta pobre condición humana pasaremos a una condición casi divina: allí seremos como los ángeles, seremos hijos de Dios. Dios será nuestra plenitud. Dios será la razón de nuestra plena y total felicidad.

13.- Padre, no resulta fácil pasar de la realidad humana y la divina. De la realidad humana tenemos experiencia, pero de cómo será la vida divina en Dios, no tenemos ni idea.
RESPUESTA: Y no tenemos idea precisamente por lo superior que es. San Juan nos dice algo bien bonito: “sabemos que somos hijos de Dios, pero no sabemos lo que podemos ser”. Nuestra realidad humana no lo es todo. Nuestra verdad trasciende lo humano. Aunque parezca mentira, si ahora somos semejantes a Él humanamente, luego seremos semejantes a Él divinamente.

14.- Los cual significa que aquí vivimos humanamente achatados y pareciera que tenemos vocación de achatados también para el más allá.
RESPUESTA: Aquí no logramos dar nuestra verdadera estatura de personas. Además, todavía pretendemos que nuestro futuro en la resurrección siga siendo achatado, cuando Dios nos quiere semejantes a El.

15.- ¿Por qué se nos habla tan poco de la verdad del cielo y de la vida eterna? Se nos habla de lo que tenemos que ser aquí en esta vida, pero apenas si se nos habla de lo que estamos llamados a ser.
RESPUESTA: Hay muchas razones. La primera, porque la mejor manera de lograr esa vida nueva en Dios es vivir lo humano lo más plenamente posible. La segunda, porque vivimos una mentalidad tan temporal que cuando uno habla del más allá ya le llaman espiritualista, desencarnado de la realidad.

16.- ¿En qué sentido el vivir plenamente lo humano es camino de nuestro futuro eterno y divino?
RESPUESTA: Tenemos una mentalidad muy recortada, pensamos que la vida eterna comienza cuando termina la humana, con la muerte.

17.- ¿Y cuándo comienza entonces?
RESPUESTA: ¡Aquí y ahora! Jesús lo dice claramente: “Quien cree en mí” o también “quien come mi carne y bebe mi sangre ese tiene ya vida eterna”. La vida eterna no comienza después de morir. Ya la llevamos dentro, aunque claro está como en semilla.

18.- ¿Y qué hace entonces la muerte?
RESPUESTA: Hace posible que la vida divina que ya llevamos dentro pueda expresarse y manifestarse y florecer plenamente. Aquí la llevamos como el grano lleva el germen. Aquí la llevamos en capullo. La muerte la convierte en rosa.

19.- La conclusión a la que Jesús pareciera querer llegar es demostrarles que “Dios no es un Dios de muertos, sino un Dios de vivos”.
RESPUESTA: Precisamente por eso llevamos ya vida eterna en nosotros y esta vida se prolongará en la eternidad. Pero la inmensa mayoría, aun los que nunca han practicado, de alguna manera creen que Dios es un Dios de muertos. Y muchos vivimos más el Dios de los muertos que el Dios de los vivos.

20.- ¿Y para qué queremos un Dios de muertos?
RESPUESTA: Es la misma pregunta que me hago yo. Te voy a proponer un ejemplo que nos puede ayudar a entenderlo. Muchos jamás pisan una Iglesia, ni van a Misa, pero hay una misa de difuntos y la Iglesia se llena. Es decir, terminan creyendo que Dios sirve para después de la muerte, pero nos les sirve durante la vida.

21.- Lo que sucede es que muchas veces la gente asiste a esas misas, más como un sentimiento de amistad para con los familiares que como una verdadera experiencia de fe.
RESPUESTA: También es cierto, pero también revela algo más. De alguna manera, confiesan que en el fondo algo creen. Al menos creen que Dios puede hacer algo por lo que han muerto.

22.- Pero en el texto que Jesús utiliza, de alguna manera, nos dice que los que han muerto viven.
RESPUESTA: Cuando les dice “el Dios de Abrahán, el Dios de Jacob, el Dios de Isaac” les está indicando que ellos viven. Si viven es que hay resurrección.

23.- Yo entiendo que sabemos poco del más allá, pero la Iglesia debiera hablar más de esa otra realidad que continúa después de la muerte. Creo que despertaríamos más fe y veríamos la misma fe como un camino a andar.
RESPUESTA: En el fondo, me estás diciendo que es necesario hablar más de la trascendencia del hombre y hablar más de la bienaventuranza eterna. Para mí, hay texto en la Oración sacerdotal de Jesús que me encanta.

24.- ¿Podríamos conocer ese texto?
RESPUESTA: Me lo sé de memoria porque me encanta. Dice Juan: “Jesús levantando los ojos al cielo oró diciendo: Padre, este es mi deseo. Que aquellos que me diste, estén conmigo donde yo estoy. Y contemplen mi gloria, la que me diste, porque me amabas, antes de la creación del mundo.”

25.- “Estén conmigo donde yo estoy…” “Contemplen mi gloria la que me diste antes de la creación del mundo…” Estamos hablando de la gloria de la Trinidad.
RESPUESTA: Primero que nuestro destino es estar donde Él mismo está y no en la habitación de al lado o en el piso de abajo, y luego compartiendo la misma felicidad y gloria que él mismo. Yo sí me pregunto: ¿Vale para algo la fe?

26.- La fe y la esperanza…
RESPUESTA: Cierto que viviríamos, aun en medio de nuestras dificultades, el gozo de la esperanza de algo maravilloso. Ahí donde todos seremos iguales. Ahí donde todos viviremos la misma felicidad. Aquí abajo cada uno vive encerrado en la felicidad que le dan las cosas que tiene. Allí solo una cosa nos hará plenamente felices: Dios. La misma gloria de Dios.

27.- Pero me imagino que será una esperanza en el más allá que no nos impedirá la esperanza humana de la felicidad humana porque también hemos visto que muchos, con eso del más allá, justifican las desgracias del más acá.
RESPUESTA: Vuelvo a insistir. Lo eterno comienza ya en el tiempo. Lo que no se siembra aquí tampoco crecerá en el más allá. Jesús nos habla siempre de lo que hacemos aquí para referirnos luego al más allá.

DESPEDIDA: Amigos. Dios nos quiere felices aquí, pero nos hará más felices en la eternidad. Nuestra condición humana es perecedera, pero todos estamos enfermos de resurrección.

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