Hoja Parroquial

Domingo 30 – C | ORACIÓN Y MISIÓN | 27 de octubre del 2019

Atrévete a Rezar

Claro, atrévete a rezar hoy un poco más que ayer. Al principio lo harás con cierto miedo, con recelo y hasta con cierta desconfianza. Con Dios nos sucede como con las personas. La primera vez que las conoces te parecen distantes, luego terminas viéndolas muy cercanas a ti. La oración acorta las distancias entre tú y Dios.

Atrévete a rezar hoy. ¿Por dónde comenzar? Por cualquier sitio. ¿Crees que Dios te va a examinar de gramática? Si tienes miedo a hablar, díselo: Señor, te tengo miedo. Si no sabes cómo hablarle, díselo: Señor, no sé cómo decirte que… El está acostumbrado a los torpes como tú y eso le encanta.

Atrévete a rezar hoy. ¿Para qué? Para nada. ¿Es que para hablar con los demás siempre necesitas razones? Hablar sólo cuando existen razones es hablar por necesidad. Con Dios se puede hablar hasta para pasar el tiempo, para no aburrirte y para que Él no se aburra. Comienza hoy.

Atrévete a rezar hoy. ¿En qué momento? ¿Y por qué siempre hemos de andar buscando el momento oportuno? Los niños nunca hablan oportunamente, para ellos no existen oportunidades. Ellos hablan, aunque los mayores se fastidien y lo manden callar. Si esperas tener oportunidades para hablar con Dios, nunca las encontrarás.

Atrévete a rezar hoy. ¿Qué le pides? ¿Por que siempre tenemos que pedirle algo? Dios no es una farmacia donde se piden aspirinas. Dios es alguien. Y para hablar con alguien no se necesita pedirle nada. A Dios le encanta la gente que le pide, pero le fascinan aquellos que le hablan por hablar y no le piden nada. Él ya sabe lo que necesitas.

Atrévete a rezar hoy. ¿Qué si te escuchará? ¿Le has hablado alguna vez y estás seguro de que no te escuchó? Dios no tiene orejas. Es pura oreja. Dios escucha siempre, has cuando le dices estupideces. ¿Acaso no tenemos derecho a hablarle a Dios también estupideces? Para un padre, el hijo nunca habla estupideces, le basta saber que es su hijo.

Atrévete a rezar hoy. Pero eso sí, cunado le reces, no pretendas convencerle a Él. Él ya está convencido. Es preferible que trates de convencerte a ti mismo. Algunos creen que deben rezar para convencer a Dios de sus problemas. Sería preferible que se convencieran primero ellos de que Dios no les va a solucionar lo que ellos pueden solucionar, pero siempre les dará fuerza para hacerlo. Comienza hoy.

No a la oración del desprecio

Uno puede ser bueno y puede cumplir con todos los mandamientos. Puede que se siente bueno delante de Dios por hacer lo que hace. Pero su oración, ¿no echará por tierra toda aquella santidad?

Una oración que “da gracias a Dios”. Hasta ahí vamos bien. Pero una oración en la que uno se presenta ante Dios como el “bueno” y considera “malos al resto”, ¿será la oración que llega a Dios? La oración que menosprecia a los malos, ¿llegará realmente al corazón de Dios que también los ama? “No soy como los demás”, ¿será la oración que Dios espera de los buenos?

Si tomamos en serio esta página del Evangelio es posible que muchos nos sintamos un tanto incómodos. Sobretodo, si nos atenemos a las palabras de Jesús: “el publicano volvió a su casa justificado”, mientras que el “bueno del fariseo”, no.

La oración no solo es expresión de nuestra relación con Dios sino también de nuestra relación con los demás. Hasta es posible que tengamos que examinar la verdad de nuestra oración preguntándonos cómo vemos a los malos delante de Dios.

No soy ladrón, pero no amo a los hermanos, a quienes desprecio.
No soy injusto, pero no amo a mis hermanos, a quienes desprecio.
No soy adúltero, pero no amo a mis hermanos, a quienes desprecio.
¿Es esta la oración que Dios escucha?

Diálogos Interreligiosos

En este día del Domund no podemos olvidarnos de las divisiones religiosas que sufrimos y que no son precisamente la mejor invitación a la fe. Felizmente desde el Concilio se inició el movimiento ecuménico que, de alguna manera, nos está acercando. A este propósito en un Encuentro con el Cuerpo Diplomático, el Papa Emérito Benedicto XVI dijo: “El diálogo no se dirige a la conversión, sino más bien a la comprensión; ambas partes permanecen conscientemente en su propia identidad, que no ponen en cuestión en el diálogo, ni para ellas, ni para otros.”

Con frecuencia el diálogo se hace imposible porque yo creo tener la razón y quiero que todos piensen como yo. Eso no es dialogar. Eso es querer que el otro renuncie a su conciencia por la mía.

Lo importante es no alejarnos, ni dividirnos, no hacernos la guerra, no condenarnos mutuamente. Dios conoce la conciencia de cada uno y la propia sinceridad. Y esa es la que importa. Los caminos pueden ser diferentes, lo importante es tener una misma meta. Son muchos los caminos de Dios, pero Dios será siempre uno, el mismo, por más que a veces le pongamos nombres diferentes.

Los caminos no son para dividir, siempre que la meta sea la misma. Hay muchos “Caminos de Santiago”, todos ellos con peregrinos, pero todos van al mismo lugar: al encuentro con el Apóstol.

Octubre, Mes de la Oración

Bueno, nunca me han gustado esas repartijas de un mes para esto y mes para lo otro. Pero, somos humanos, y a veces ciertas motivaciones ayudan. Y el mes de octubre tiene un algo especial que invita a la oración.

Es la Oración del santo Rosario, una devoción de hondas raíces en el alma del pueblo, que ahora en vez de quince misterios tiene veinte, porque ahora le hemos añadido los Misterio Luminosos. Además de los misterios gozosos, dolorosos y gloriosos, ahora rezamos también los luminosos. ¿Sabes cuáles son estos misterios luminosos? El Bautismo de Jesús, las Bodas de Caná, el anuncio del Reino, la Transfiguración y la institución de la Eucaristía.

Tenemos luego, la oración universal por las Misiones. La oración de la Iglesia misionera, que es la oración para que el Reino de Dios llegue a todos y todos nos sintamos comprometidos con él.

Luego, aquí en el Perú, la fiesta del Señor de los Milagros que es, sin duda ,uno de los acontecimientos religiosos más importantes para el Pueblo de Dios.

Recuperar la oración es recuperar uno de los elementos más vivificantes de nuestra fe y es también uno de los elementos que nos ayuda a entrar en relación y comunión con el Señor. El que ora vive. El que ora cree. El que ora entra en un proceso de conversión del corazón.

¿Qué hacemos con los encarcelados?

El tema de las cárceles suele aparecer constantemente en las preocupaciones sociales, pero como dice el entonces Papa Benedicto XVI: “La tendencia es limitar el debate de la disciplina de los delitos y sanciones, solo al momento legislativo o al momento procesal inherente a los tiempos y modalidades para llegar a una sentencia que corresponda lo más posible a la verdad de los hechos. En cambio se presta menor atención a la modalidad de ejecución de las penas, con relación a la cual el parámetro de la justicia debe ir acompañado por el parámetro esencial del respeto a la dignidad y de los derechos del hombre.”

El castigo es un derecho de la sociedad, pero el respeto al trato de la persona es un derecho del condenado. Porque, al fin y al cabo, será culpable, pero no deja de ser persona. La carcelería tendría que tener como misión la “reeducación y rehabilitación” del preso, pero esto suele pasarse por alto. Tenemos derecho a llevarlos a la cárcel y ellos tiene derecho a que les ayuden a reconstruirse como persona que puedan reinsertarse socialmente.

Esto todos lo sabemos no existe. La cárcel no es escuela de humanización sino que, con frecuencia, lo es deshumanización. Esto debiera ser preocupación de todos porque la dignidad de la persona es responsabilidad de todos. ¿No tendrán los presos derecho a enjuiciar a la sociedad por ese trato deshumanizador? ¿Y los que están encerrados sin juicio? ¿No tienen derecho a enjuiciarnos por no juzgarlos? Es una problema que a todos interesa.

Nos haces falta tú

“Mar sin agua,
hombre sin corazón,
pájaro sin libertad,
mundo sin amor.

Manos sin cadenas,
cielo sin estrellas,
niño sin sonrisa,
campo sin sol,
hombre sin fe,
hombre sin Dios,
hombre que busca
busca sin hallar.

Rico sin pobreza,
sueños y solo sueños;
vida sin amor,
llanto sin lágrimas,
dolor y más dolor.

Mirada sin horizonte:
¡Nos haces falta tú!”
(J.L.Hermosilla)

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