Hoja Parroquial

Domingo 25 – C / 22 de setiembre del 2019

La astucia de los hijos del mundo

Una parábola un tanto extraña, pero que sí afronta serias realidades. ¿Se han dado cuenta de cómo este mal administrador, al ser descubierto de mala administración y saber que lo van a despedir de su trabajo, discurre de inmediato para no quedarse en la calle?

No es que Jesús alabe al mal administrador, sería un absurdo. Lo que Jesús alaba es lo vivo que es y lo rápido que piensa y busca soluciones a su difícil situación. Es que para lo que queremos somos bien vivos e inteligentes. Lo malo no está en ser vivo, lo malo está en utilizar nuestra viveza para las cosas malas. A mí extraña cómo ciertas personas que vienen a pedir plata discurren para engatusar a uno y abrirle la billetera. Para cuando uno va, ellos están ya de vuelta en la esquina.

Jesús aplica esta astucia para las cosas humanas, a lo que nos suele suceder cuando se trata del Evangelio, del Reino de Dios o de cambiar las cosas. Si tuviésemos la misma astucia, la misma viveza y la misma rapidez de pensamiento para renovar la Iglesia, para renovar nuestra pastoral, para renovar los caminos del anuncio del Evangelio, ciertamente que la cosa sería diferente.

Cómo discurren los abogados cuando se trata de defender a esos que han aprovechado del puesto que ocupan sus clientes. Le sacan punta a todo, por algo se dice y se ha hecho ya filosofía de la vida: “Hecha la ley, hecha la trampa.” A veces somos más rápidos en hacer la trampa que promulgar la ley. Alguien decía agudamente: “Nunca faltan vivos que te hacen los zapatos antes de que tengas los pies.”

Sin embargo, ¡qué poco inteligencia tenemos para lo bueno! ¡Cuánta agudeza para sacar los pies del plato y qué romos de cabeza para arreglar nuestro matrimonio que comienza a hacer agua!

¡Cuánta agudeza en aquellos que tratan de enfriar la fe de la juventud! ¡Y qué poca agudeza para inculcarla y clarificarla y descubrir la belleza de creer! Somos más agudos para destruir el mundo que para construir otro mejor. Hace unos días veía una película sobre los traficantes de la droga. ¡Qué inteligencia para ganarse a unos y a otros, a los de arriba y a los de abajo! ¿Seremos lo mismo para lograr un mundo sin drogas?

¿Servir a dos amos?

Jesús, como diría Chapulín Colorado, “no contaba con nuestra astucia”. Porque nosotros sí que podemos servir a dos y también a más a la vez.

Podemos hablar mucho de los pobres y, a la vez, podemos esquilmarles el salario.
Podemos hablar mucho de la pobreza y, mientras tanto, se nos apolillan los billetes en el bolsillo.
Podemos hablar mucho de Dios y, mientras tanto, vivir tranquilamente sin preocuparnos de él.
Podemos hablar mucho de la verdad y, mientras tanto, vivimos en la mentira y el engaño.
Podemos hablar mucho de la justicia y, mientras tanto, somos injustos con los demás.
Podemos hablar de un amor fiel y, mientras tanto, darnos nuestras aventuras secretas.
Podemos hablar mucho de la caridad y, mientras, tanto chismamos que da gusto.
Podemos incluso comulgar con gran fervor y, mientras tanto, no nos hablamos con nuestros prójimos.
Podemos llamarnos cristianos y, luego, vivir como todo el mundo.

¿Ven cómo se puede servir a varios amos a la vez?
Claro, “servir al estilo nuestro”, no al estilo del Evangelio porque esa ya es otra música. La dualidad dentro de nosotros mismos es mucho más frecuente de lo que pensamos.

Leer el Evangelio

¿Qué llevamos en el bolsillo los creyentes? ¿Sólo la billetera y las Tarjetas de Crédito?
El Papa Francisco nos hace una reflexión:

“El Evangelio te permite conocer al verdadero Jesús, te hace conocer a Jesús vivo; te habla al corazón y te cambia la vida. Puedes cambiar efectivamente de tipo de vida, o bien seguir haciendo lo que hacías antes pero tú eres otro, has renacido; has encontrado lo que da sentido, lo que da sabor, lo que da luz a todo, incluso a fatigas, al sufrimiento y también a la muerte.

Leer el Evangelio. Leer el Evangelio. Ya hemos hablado de esto, ¿lo recordáis? Cada día leer un pasaje del Evangelio; y también llevar  un pequeño Evangelio con nosotros, en el bolsillo, en la cartera, al alcance de la mano, Y allí, leyendo un pasaje encontraremos a Jesús. Todo adquiere sentido allí, en el Evangelio, donde encuentras este tesoro, que Jesús llama “el reino de Dios”, es decir, Dios que reina en tu vida, en nuestra vida; Dios que es amor, paz y alegría en cada hombre y en todos los hombres.”

Hay ediciones llamadas de “bolsillo”, prácticas para que en cualquier momento, podamos leer algún pasaje y alimentar el espíritu. Como dice el Papa: “Leer el Evangelio es encontrar a Jesús y tener esta alegría cristiana, que es un don del Espíritu.” Así el Evangelio termina siendo como tu guía de ruta y tu receta de crecimiento.

Mayor creatividad

Los creyentes necesitamos de mayor creatividad.

Creatividad humana y creatividad espiritual.
Creatividad para buscar la verdad.
Creatividad para hacer llegar la verdad a los demás.
Creatividad para renovar nuestra familia como verdadero hogar.
Creatividad para renovar nuestras comunidades parroquiales.
Creatividad para ver cómo hablar de Dios hoy a los hombres.
Creatividad para ver cómo hacer creíble a Dios hoy en nuestro mundo.
Creatividad para ver cómo enriquecer nuestro amo conyugal.
Creatividad para ver cómo hacer más creíble a la Iglesia.

O somos creativos o nos dedicaremos a ser máquinas repetidoras.
O somos creativos o nos quedamos en el pasado que ya no existe.
O somos creativos o poco a poco nos vamos muriendo de aburrimiento.
O somos creativos o nunca llegaremos a ser nosotros mismos.

La sociedad necesita de dirigentes más creativos.
La Iglesia necesita de cristianos capaces de ofrecer un nuevo rostro a la Iglesia.
La Parroquia necesita de cristianos capaces de darle nueva vida.

No es que no queramos hacer las cosas.
A veces es falta de iniciativas.
No es que no podamos, necesitamos querer.

Lo nuevo es prolongación de lo viejo

No temas a los fracasos. Carmen Gómez Ojea, en un solo mes recibió dos premios de literatura. Antes se había presentado a trece concursos literarios, no le dieron ni siquiera una mención. Se triunfa sabiendo esperar.

No temas a los fracasos. El compositor Bercker sólo logró estrenar su Quinta Sinfonía diecinueve años después de haberla compuesto. Supo esperar. Diecinueve años de intentos y fracasos que terminan en la apoteosis del triunfo. ¿Quién merece los aplausos, la sinfonía o su capacidad de espera?

No temas a los fracasos. Gerald M. Hopkins, uno de los mayores poetas ingleses, no pudo ver publicados ni uno solo de sus versos. Aunque tú fracases, que luego triunfen por ti tus obras.

No temas a los fracasos. Teilhard de Chardin escribió más de treinta volúmenes. Ni uno solo se publicó en vida del autor. Hoy son manuales de lectura de infinidad de científicos. Su obra es la que le hace supervivir en la historia.

No temas a los fracasos. Mozart escribió su Sonata 545 dos días después de que una de sus hijas se moría de hambre y mientras su esposa se reía de él coqueteando en un balneario. El hombre es más que el hombre.

No temas a los fracasos. Dios creó al hombre con toda su ilusión divina. Lo puso en un paraíso. Un día el hombre le falló, pero Dios siguió correteando al hombre hasta ganarlo con su amor.

No temas a los fracasos. Cristo murió como un fracasado en la Cruz. Sólo así fue posible la alegría de la mañana de la Pascua. Lo vives hoy, gracias a aquel fracaso humano de la Cruz.

También Dios sabía que podía fracasar contigo,
sin embargo, ¡cuánta inversión hace a diario en tu vida…!

Si quieres bajar la Hoja Parroquial, haz clic clic aquí