Hoja Parroquial

Domingo 23 – C / 8 de setiembre

no basta comenzar

Son muchos los que comienzan, pero cuántos se quedan en el camino. Cuando yo era estudiante de teología, me solía gustar ver la Vuelta Ciclista y había un detalle que siempre me causaba curiosidad. En la cola de la comitiva siempre iba un carro con una escoba. Yo preguntaba qué significaba la escoba, hasta que alguien me lo aclaró. Es el carro que tiene como misión recoger a los que se quedan y ya renuncian a seguir. Por eso se la llamaba “el coche escoba”.

Recuerdo ese detalle al leer el Evangelio de hoy. “Quién de vosotros, si quiere construir una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, a ver si puede terminarla?” Esto lo presenta Jesús en relación con su seguimiento. No basta decir “yo te sigo”. ¿Estás dispuesto a llegar hasta el final? ¿No necesitará Jesús también de un “carro escoba” para los que se van descolgando por el camino?

Por eso Jesús es muy claro y no trata de engañar a nadie, porque no quiere gente que luego se encuentra con problemas en el camino y se siente defraudado y se echa atrás

El fundamento para seguir a Jesús está en que primero necesitamos descubrir que el Evangelio es algo que vale la pena y que por Él se puede renunciar a todo. En segundo lugar, nos hace ver si estamos dispuestos a corrernos el riesgo de la coherencia y de la fidelidad hasta el final.

A Jesús mismo le seguía mucha gente. En la etapa de Galilea siempre le vemos rodeado de gente. Hasta que llegó el momento de la verdad y que Juan describe largamente en el Capítulo 6 de su Evangelio. “El que come mi carne y bebe mi sangre.” Ahí todo el mundo comenzó a voltear la cabeza y echarse atrás y le dejaron prácticamente solo porque todos le abandonaron. Sólo quedaron los Doce. ¿Y qué será peor? ¿Echarse a tres siendo sinceros o seguirle murmurando y protestando y quejándose y lamentándose de todo? Ser cristiano es algo serio, no se puede tomara broma. Porque ser cristiano es “sí o no”, no andar luego lloriqueando por el camino diciendo que la Iglesia es así, que el Evangelio es muy duro, que no le comprendemos, que no nos actualizamos.

Jesús es bien claro: “El que no renuncia a todos sus bienes no puede ser discípulo mío.” El que no renuncia a todos sus miedos, no puede ser discípulo mío. El que no renuncia a su pasado no puede ser discípulo mío. El que no renuncia a todas esas cargas que le impiden ser libre, no puede ser discípulo mío.

Aquí hay que decidirse, para ello es preciso pensarlo bien. No valen las emociones del momento. No sirven los entusiasmos de un día. No nos hacemos cristianos para que luego nos tengan compasión. Nos hacemos seguidores de Cristo porque estamos dispuestos a todo.

¿y nosotros qué hacemos?

El P. Arrupe S. J. dijo algo que pudiera ser todo un programa de vida. “No me resigno a que cuando yo muera, siga el mundo como si yo no hubiera vivido.”

Dejar el mundo como lo encontramos, es no haber pasado por el mundo.
Dejar el mundo como lo encontramos, es no haber vivido de verdad.
Dejar el mundo como lo encontramos, es no haber hecho nada.
Dejar el mundo como lo encontramos, es vivir sin enterarnos de nada.
Dejar el mundo como lo encontramos, es haber vivido inútilmente.
Dejar la Iglesia como la encontramos, es no habernos sentido Iglesia.
Dejar la Iglesia como la encontramos, es no haber vivido como Iglesia.
Dejar la Iglesia como la encontramos, es no haber amado de verdad a la Iglesia.

Todos estamos llamados a hacer algo para que las cosas cambien.
Los que nos precedieron hicieron lo suyo y de ellos disfrutamos nosotros.
¿Qué les queremos dejar a los que vengan después de nosotros?
¿Qué no se enteren de que hemos existido?
Quien no deja huellas en el camino, no abre caminos a los demás.
Quien no deja huellas en el camino, ha pasado inútilmente.

No podemos resignarnos a que las cosas sigan siempre igual.
La peor actitud que podemos tener es: “Siempre se ha hecho así…”
¿Y si siempre se ha hecho mal, dejaremos que el mal siga adelante?

 Que los que vienen detrás de nosotros se enteren que nosotros hemos vivido antes.
No nos resignemos a que quedemos en el olvido, sino que otros puedan decir: “Por aquí pasó…”

¿cuándo comienza el amor?

Muchos creen que el amor empieza cuando os habéis visto y os habéis gustado.
Es cierto que el amor suele tener mucho que ver con los ojos. Sin embargo, el verdadero amor “comienza cuando una persona siente que las necesidades de otra son tan importantes como las suyas propias”. (Harry Sullivan) 

Esto tiene validez también entre los esposos, hasta diría que es ahí donde pueden reconocer que su amor es verdadero y no una ilusión o un deseo pasajero.
Cuando el esposo siente que las necesidades de la esposa son más importantes que las suyas: recién ahí comienza su amor de verdadero esposo.
Cuando la esposa siente que las necesidades del esposo son más importantes que las suyas: recién ahí comienza su amor de verdadera esposa.

Es que el amor no es el “deseo” que el uno tiene del otro. Eso puede ser egoísmo.
El amor es querer el bien del otro.
El amor es dar preferencia a las necesidades del otro.
El amor es dar preferencia a la felicidad del otro.

Porque la verdadera felicidad del matrimonio viene siempre de rebote. Soy feliz porque te he hecho feliz. Soy feliz porque, gracias a mí, te siento feliz.

La alegría y la felicidad y la maduración del otro es el espejo donde cada uno puede descubrir su verdadero amor. No basta que uno sea feliz es preciso preguntarse si el otro lo es. No basta sentirse bien, es preciso preguntarse cómo se siente el otro.

¿os vais a casar?

Felicidades.
Comenzáis una nueva aventura en vuestras vidas.
Es la aventura del “amarte y servirte todos los días de mi vida”.
Es la aventura de “ser esposos en la riqueza y en la pobreza, en la enfermedad y en la salud, en la alegría y la tristeza”.
Es la aventura de deciros un “sí para siempre”.
Es la aventura de hacer que vuestro amor sea capaz de navegar a pesar de las olas y tormentas de la vida. 

Es un ser testigos del amor de Dios a su Iglesia.
¡Todo maravilloso! Nada hay más bello que lo “definitivo”.
Nada más triste que lo de “mientras me sienta bien contigo”.
Lo provisional suena a alquiler.
Lo definitivo suena a casa propia.

Pero, no viváis de sentimientos. “Sentaos primero a calcular los gastos, a ver si tenéis para terminar el mes” No se trata de lanzaros al vacío, no se trata de hacer experimentos. El matrimonio es cosa seria, no es una broma del mal gusto, ni tampoco un “a ver qué pasa”. El matrimonio en un sí para siempre. ¿El carro de vuestro amor tiene gasolina para tan largo camino? Por favor, que luego no os quedéis sin gasolina o que se os han bajado las llantas en la autopista. ¡A pensarlo antes!

no llores

“No llores por lo que perdiste, lucha por lo que te queda.
No llores por lo que ha muerto, lucha por lo que ha nacido en ti.
No llores por quien se ha marchado, lucha por quien está contigo.
No llores por quien te odia, lucha por quien te quiere.
No llores por tu pasado, lucha por tu presente.
No llores por tu sufrimiento, lucha por tu felicidad.
Con las cosas que a uno le suceden
vamos aprendiendo que nada es imposible de solucionar,
solo sigue adelante, Dios te guiará. (Jorge Mario Bergoglio, Papa Francisco) 

Acabo de recibirlo por mail y me parece importante porque lloramos por demasiadas cosas inútiles. Las lágrimas son el modo de expresar los sentimientos del corazón.
Las lágrimas expresan algún sufrimiento, pero no solucionan nada.

El Papa descubre que hay algo más importante que las lágrimas. Algo que es más positivo que llorar.

Las lágrimas pueden ser normales, pero mejor si en vez de llorar, buscamos solución a aquello por lo que lloramos. Las lágrimas manifiestan nuestros sentimientos, pero no solucionan el por qué lloramos.

Respetemos las lágrimas del hermano, pero mejor ayudémosle a busca respuesta para no seguir llorando. Perdemos demasiado tiempo llorando y lamentándonos, en vez de invertirlo en buscar respuestas y soluciones.

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