Hoja Parroquial

Domingo 32 – C | La viuda y sus siete esposos | 10 de noviembre del 2019

Ridiculizar a Dios

La escena del Evangelio de hoy se da entre Saduceos y Jesús. Los saduceos no eran demasiado bien vistos. Ellos no creían en la resurrección y dándoselas de listos y de quien quiere poner en ridículo a Jesús le presentan el caso de la mujer y sus siete maridos.

Con Dios corremos serios peligros. O lo vemos tan anciano y serio y barbudo que inspira poca confianza, o simplemente nos imaginamos un monigote, del que es fácil reírse y negarlo.

No estoy hablando de memoria porque hoy son muchos los que toman la religión a la chacota, como si fuese un juego de niños. Incluso, no faltan quienes se admiran de que un hombre con carrera, siga creyendo en Él. Dios pareciera ser para ignorantes, para todos, para gente sin cabeza porque la gente que se cree muy intelectual inmediatamente suele decir: “Creer es cosa de ignorantes.”

Dios es algo muy serio. Dios es para gente sencilla y también para gente que cree saberlo todo. Nunca me han gustado los chistes de religión, como tampoco me han gustado los chistes de sacerdotes ni de matrimonios porque los chistes implican una filosofía que poco a poco va creando una mentalidad.

Dios no existe para quienes prefieren vivir a su aire y por libre sin que nadie les estorbe. Dios no existe para quienes viven una pobreza de vida que más que vivir, existen.

Dios no existe para quienes se contentan con la vida sin horizontes o que, a lo más él único horizonte que tienen son ellos mismos.

Dios no existe para quien solo tiene ojos para ver el mundo y es incapaz de ver el otro lado de las cosas. Para los saduceos no existía más que esta vida y si existía algo más allá no era sino la prolongación de la felicidad de aquí. De ahí el problema de quién será mujer si los siete se han casado con ella. Una visión miope de la vida, una visión de la vida recortada a los planes de este mundo. Por eso le proponen el caso a Jesús como una manera de ridiculizar la resurrección y el cielo.

No se puede ridiculizar a los hombres, pero menos a Dios. No se puede ridiculizar esta vida, pero menos todavía la nueva vida de la resurrección. Porque quien vive sin resurrección vive sin futuro. Aún en la hipótesis de que no existiese nada, valdría la pena creer en ella para que no vivamos siempre frente al paredón de la muerte tras el cual no existe nada.

“Dios de vivos y no de muertos”

Con vuestro perdón pienso que el Dios de nuestra fe es más el Dios de muertos que de vivos. Jesús nos dice que es “Dios de vivos”, pero nosotros lo estamos convirtiendo en “Dios de muertos”.

Cuando muere un ser querido aplicamos una serie de Misas. Yo me pregunto: ¿Y cuánto hemos rezado por él mientras vivía? Incluso, cuántas veces le hemos negado el Sacramento de la Unción de Enfermos por miedo a darle un susto, cuando el susto lo tenemos nosotros y no el enfermo.

Rezamos por su salvación, pero cuánto hemos rezado en vida para que viva según la voluntad de Dios y en coherencia de su Bautismo.
Rezamos para que se salve, pero cuántos hemos rezado por su salvación mientras vivía.

Está bien que recemos por él de muerto, pero mucho más importante es que le pidamos a Dios mientras está vivo.

¿Cuántas Misas encargamos por los difuntos? Yo estoy esperando ofrecer Misas por los vivos.

Dios no es un Dios para salvar a los muertos, sino para dar vida espiritual a los vivos. Dios no es un Dios para que salve a los muertos, sino para que vivan plenamente su vida los que están vivos.
Dios no es un enterrador de muertos, sino alguien que da vida mientras vivimos.

No esperemos a morir para admirar a nuestros hermanos, amémosle mientras viven.

En el Cielo no se muere

En la tierra todos tenemos que pasar por la experiencia de la muerte. Podemos dudar de todo, pero nadie puede dudar de la muerte.

Hace un tiempo tuve una experiencia curiosa. Mirando el periódico del Vaticano, me encontré con que habían muerto seis Obispos. Luego miré la página de esquelas del periódico, cosa que normalmente nunca hago y, curioso, había dos esquelas de dos médicos. Conclusión: mueren los Cardenales y mueren hasta los médicos.

Pero no se preocupen, en el cielo no se muere, los hijos de Dios no mueren. Lo dice Jesús: “Pues ya no pueden morir, son como ángeles; son hijos de Dios, porque participan de la resurrección.” Por eso, vivir de la fe, es vivir el gozo de una vida sin fin, vivir como hijos resucitados en el cielo donde ya no existe la muerte sino la vida.

La fe es capaz de vencer la misma muerte.
La fe es capaz de darnos la alegría que viviremos para siempre.
La fe es la única que puede escribir sobre nuestras tumbas: “No está aquí, ha resucitado.”

No se puede vivir sin Esperanza

La filosofía existencialista estuvo marcada por el “vacío”, “la nada”, “la nausea”. Es que cuando negamos que todo termina con la muerte y no hay nada al otro lado, uno pierde el sentido de la vida.

Saber que todo queda pudriéndose en el sepulcro, resulta todo un pesimismo. Cuando todo termina en la muerte, ya no hay horizontes que alegren el alma.

Por eso, la resurrección forma parte de nuestro Credo: “Creo en la resurrección de los muertos. Entonces vemos la muerte no como un final sino como el comienzo de algo nuevo. Entonces vivimos de esperanza. La resurrección de Jesús no solo es el acontecimiento de verlo de nuevo, sino que nos habla de la muerte vencida por la Pascua.

Por eso me gustaría repetir: Bienaventurado el que cree en la esperanza
el que vive de la esperanza.
el que anuncia la esperanza.
el que lucha con esperanza.
el que siembra esperanzas.
el que testimonia la esperanza.
el que espera con esperanza.
el que habla con esperanza.
el que sueña con esperanza.
el que siembra con esperanza.
el que pone su esperanza en Dios.
el que pone su esperanza en su esfuerzo.

Dichosos los que creen en la resurrección que nos incorpora a la vida misma de Dios.

La Iglesia no es “aduana”

“La Eucaristía, si bien constituye la plenitud de la vida sacramental, no es un premio para los perfectos, sino un generoso remedio y un alimento para los débiles. Estas convicciones también tienen consecuencias pastorales que estamos llamados a considerar con prudencia y audacia. A menudo nos comportamos como controladores de la gracia y no como facilitadores. Pero la Iglesia no es una aduana, es la casa paterna donde hay lugar para cada uno con su vida a cuestas.” (Papa Francisco EG  47)

Estamos más preocupados de que los malos no pasen, de que los malos sean ayudados a ser buenos. La Iglesia no ha sido fundada para ser aduana que controla las maletas. Al contrario, la Iglesia ha sido fundada para anunciar la Buena Noticia y para ser puente que ayuda a pasar de una orilla a la otra.

El Papa pide prudencia, pero también audacia. ¿No tendremos más de prudencia que de audacia? Ser audaces implica tomar decisiones que pueden llamar la atención porque rompen nuestros esquemas. Ser audaces implica tomar decisiones que a muchos pudieran escandalizar. Aquí habría que decir como Jesús: “No es el hombre para el sábado sino el sábado para el hombre.” Jesús fue audaz, quebrantó el sábado y muchas otras leyes a favor de salvar y liberar al hombre oprimido. Las prohibiciones no favorecen, sino que atan y esclavizan al hombre. El Papa Francisco nos pide audacia. Es preferible pecar de audacia que de miedo y cobardía.

Buenos días a la vida

1. «Es maravilloso despertarse cada mañana con alas en el alma y dar gracias a Dios porque tienes por delante un nuevo día para amar.»
2. «Busqué a Dios y no lo encontré.
Me busqué a mí mismo y tampoco me encontré.
Busqué a mi prójimo y encontré a los tres.»
3. Para vivir hay que luchar muchas veces contra la corriente.
Sólo los peces muertos son arrastrados por el agua,
los que viven nadan contra la corriente.
4. Al comenzar el día no lamentes las cosas que tienes que hacer.
Alégrate de que tantas cosas dependan de ti en la vida.
5. Si vives pensando en el amor que los demás te están debiendo, jamás te decidirás tú a amar.
6. Subir a las cimas de la fama no resulta difícil,
lo difícil es mantenerse en la cima.
Las montañas son más estrechas en las puntas que en las bases.
Por eso el equilibrio es más costoso en las cimas.
7. Valora este día por lo que has hecho,
pero piensa cuánto pudiste hacer y no lo hiciste.

La vida no es cuestión de contabilidades.
La contabilidad es buena para los negocios.
No para la vida ni para las generosidades con Dios y con los demás.
En todo caso, si quieres, contabiliza lo que recibes de los demás y,
sobre todo, lo que recibes de Dios.
Nunca contabilices lo que das, te haría perder la gratuidad.
Clemente Sobrado C.P.

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