Declaración de los Derechos de los Abuelos

Queridos abuelos:

Ya que las nuevas culturas quieren prescindir de nosotros, los abuelos, nosotros hacemos nuestros legítimos reclamos. No pedimos nada que no nos corresponda, pedimos tan solo aquello que nos pertenece precisamente por nuestra condición de abuelos.

Primero: Los abuelos somos parte de la familia. Exigimos que nadie nos considere como un apéndice indeseable.

Segundo: Nuestra condición de abuelos es tan legítima como la de los padres. Aquello que a ustedes les convierte en padres, nos hace a nosotros abuelos.

Tercero: Reconocemos que nadie puede suplir a los padres, pero exigimos que reconozcan que, por muy buenos que ustedes sean, nadie puede suplir a los abuelos.

Cuarto: Los hijos necesitan de los padres, nunca lo hemos puesto en duda, pero por esa misma lógica requieren y necesitan de los abuelos.

Quinto: Aceptamos que son los padres los encargados de educar y formar a los hijos, pero acepten también ustedes que los abuelos estamos llamados a dar la última pincelada.

Sexto: Estamos de acuerdo en que ustedes los padres son el presente de sus hijos, pero, por favor, no nos nieguen a nosotros el ser su ayer, su pasado.

Séptimo: Nunca hemos negado que los hijos necesitan del rigor y la disciplina de los padres, pero igual derecho reclamamos a ser nosotros, los abuelos, el cariño y la ternura que suaviza la ley y la intransigencia.

Octavo: Reconocemos que los hijos son de los padres, nunca  hemos querido hacerlos propiedad nuestra, pero siempre reclamaremos nos concedan esa partecita que también nos toca a nosotros como abuelos.

Noveno: Estamos en total acuerdo en que los padres se merecen todo el amor de sus hijos, pero exigimos ese pedacito de su cariño que también a nosotros nos corresponde de su cariño y de su amor.

Décimo: No pretendemos discutir derechos. Sencillamente reclamamos nuestro legítimo derecho a dar nuestro cariño, nuestro amor, nuestra ternura. Ni el amor de los padres es todo, ni tampoco el nuestro de abuelos.

Con esto, no reclamamos tanto nuestros derechos, cuanto los derechos de los hijos, porque son ellos los que reclaman el amor de los padres y también el nuestro. Además, el amor no discute. Quien ama de verdad, no discute el amor de los otros.

Un saludo,

Clemente Sobrado C.P.