Domingo 2 – A | Este es el Cordero de Dios

19 de enero del 2020

Proclamamos el Evangelio de Jesucristo según San Juan en el Capítulo 1, versículos del 29 al 34:

Al ver Juan a Jesús que venía hacia él, exclamó: “Este es el Cordero de Dios, el que quita el pecado del mundo. Este es aquel de quien yo dije: Tras de mí viene un hombre que está por delante de mí, porque existía antes que yo” Yo no lo conocía, pero he salido a bautizar con agua, para que sea manifestado a Israel.”

Y Juan dio testimonio diciendo: “He contemplado al Espíritu que bajaba del cielo como una paloma, y se posaba sobre él. Yo no le conocía pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: ‘Aquel sobre quien veas bajar el Espíritu y posarse sobre Él, ese es el que ha de bautizar con Espíritu Santo.’ Y yo lo he visto, y he dado testimonio de que éste es el Hijo de Dios.”

Palabra del Señor

1.- Padre Clemente, ¿cómo se siente usted ante este Evangelio? Yo le confieso que me siento un tanto desubicado. ¿Y usted?
RESPUESTA: Yo más que desubicado, te diría que me siento un tanto desbordado. Percibo toda una experiencia de fe, toda una manifestación de Jesús y toda una confesión por parte de Juan.

2.- Experiencia… Manifestación… Y confesión…
RESPUESTA: Pues sí. Hay la experiencia de Juan sobre la persona de Jesús. Además hay una manifestación de Jesús a Juan y de Juan a la gente. Por tanto, hay también la confesión que Juan hace de la persona de Jesús a la gente.

3.- Pero estoy seguro de que usted nos lo puede poner un poco más sencillo para que lo entendamos todos.
RESPUESTA: Yo pudiera decirte cómo le veo desde mí mismo y desde la realidad de nuestras comunidades cristianas. Para ello rescato los siguientes elementos que me parecen esenciales y además muy importantes en nuestra vida tanto personal como comunitaria.

4.- ¿Nos quiere hacer ese servicio?
RESPUESTA: A mí lo primero que me cuestiona desde dentro es la misión que identifica a Jesús: “Este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.” La segunda característica que me llama la atención en este relato de Juan es que “aún sin conocerle, Juan ya lo está manifestando a Israel”. Y, una tercera característica, importantísima para todos nosotros es cómo Juan identifica la verdad de Jesús contemplando al Espíritu Santo que bajó sobre Él.

5.- ¿Le parece bien que analicemos brevemente estas tres características que usted nos presenta?
RESPUESTA: Estoy a disposición tuya. Tú eres el que pregunta.

6.- Vayamos a la primera nota, dice usted que lo primero que aparece aquí es la identificación de Jesús como el que “quita el pecado del mundo”…
RESPUESTA: Lo primero que descubre Juan es que reconoce en Jesús el carácter de cordero de Dios. Esto ya nos está indicando, de alguna manera, el carácter pascual de Jesús. El cordero tiene una connotación de sacrificio pascual. Sacrificio y sacrificio de Pascua. Tampoco es un cordero cualquiera del rebaño, sino Dios hecho cordero. Dios hecho sacrificio de Pascua.

7.- ¿Tuvo Juan tan pronto una visión de Jesús de su muerte como el cordero de Dios sacrificado en la Cruz?
RESPUESTA: Yo no diría que Juan tuvo una visión explícita tan pronto de la muerte pascual de Jesús, pero de alguna manera, Juan intuyó el carácter pascual de la persona de Jesús.

8.- Usted hablaba del que “quita el pecado del mundo”.
RESPUESTA: Cuando Juan se siente iluminado y reconoce a Jesús, lo reconoce en una misión muy concreta. Él había comenzado con un Bautismo de conversión, de cambio, de renovación, pero es consciente de que el que realmente arrancará el pecado del corazón de los hombres y del mundo es Jesús.

9.- ¿Estaba acaso Juan pensando en una especie de confesión, como lo era su propio bautismo, donde los hombres eran perdonados?
RESPUESTA: Yo pienso que Juan fue mucho más lejos. No se trataba simplemente de perdonar los pecados a unos cuantos arrepentidos. Juan, y en esto como que se anticipaba a la teología de Pablo en la carta a los Romanos, percibía que el mundo estaba herido por el pecado y que no era suficiente perdonar el pecado a éste o aquel, sino que la misión de Jesús era arrancar el pecado del corazón mismo del mundo.

10.- Digamos que la misión de Jesús era como un cambio radical de la enfermedad igualmente radical que sufría y sufre el mundo.
RESPUESTA: La frase de Juan indica que el mundo no es malo. Lo que hace malo al mundo es el pecado y que Jesús venía a sanar a este mundo para que los hombres lo sintiésemos como bueno.

11.- El mundo no es malo. El mundo es bueno. El mundo termina siendo malo por el pecado que hay en él. ¿Es así?
RESPUESTA: Estamos hartos de que nos digan que el mundo es malo. Dios no ha hecho nada malo. No hizo malo al mundo. Ni hizo malas a las cosas. No hizo malo nuestro cuerpo. No hizo malas las riquezas. Cada cosa que Dios hace lleva como una firma.

12.- ¿Una firma? ¿La de Dios?
RESPUESTA: Dios ha firmado todo lo que hizo. Todas las cosas llevan la firma de Dios. Dios firmó a las cosas con su firma que dice: “Y vió Dios que era bueno.”

13.- ¿También firmó al hombre?
RESPUESTA: Cuando Dios hizo al hombre se quedó Él mismo admirado de su obra y la firmó y dijo que “era muy bueno”.

14.- En medio de tanta bondad, ¿por qué entonces el hombre tiene que sufrir tanto, y sentirse tan mal en el mundo?
RESPUESTA: Es que luego el hombre volvió a firmar las cosas. Y las firmó con el pecado. Y el hombre sufre tanto con las cosas, no porque ellas sean malas, sino porque están heridas por el pecado. Por eso Juan no dice “este es el Cordero que quita el pecado del hombre”, sino “el que quita el pecado del mundo”.

15.- ¿Está usted diciendo que el mundo volvería a ser el jardín que Dios hizo al principio si nosotros sanamos al mundo del pecado?
RESPUESTA: Hay en todo esto toda una serie de consecuencias, que son precisamente las que nosotros no queremos afrontar. Si lográsemos liberar a la cosas de la servidumbre y esclavitud del pecado, las cosas volverían a ser buenas. El dinero, liberado de nuestro egoísmo, volvería a ser algo muy bueno. La riqueza, liberada del mal uso que hacemos de ella, volvería a ser algo estupendo. El cuerpo, el sexo, liberados de la esclavitud de nuestras instintos desordenados, volvería a ser toda una belleza.

16.- Pero Padre, sentir la conciencia del Siervo, en el fondo era también tomar conciencia de que su final iba ser el del “cordero llevado al matadero”…
RESPUESTA: Evidente, el asumir la conciencia del siervo era, de una manera bien clara, asumir la conciencia de que su final sería la de ser el cordero llevado al matadero, el cordero degollado. Es decir, una muerte de servicio. Servir a los demás hasta dar su vida por todos.

17.- Malos comienzos para Él…
RESPUESTA: Jesús no podía tener mejores comienzos. Sentir desde un principio su misión. Sentirse Él mismo como enviado y llamado por el Padre. Sentirse marcado por su identidad de Hijo y por su misión de Siervo. Tan marcado que, a partir de ese momento, sólo vivirá de ello y para ello. Esto a mí me parece algo formidable que nosotros tanto necesitamos.

18.-¿Por qué es algo que nosotros tanto necesitamos? ¿Qué es ese algo que tanto nos urge a nosotros?
RESPUESTA: Cuando uno ha quedado marcado por una experiencia fuerte, tiene ya señalado el camino de su vida. Sabe a donde va y por qué va. Lo malo es cuando en nosotros no hay algo que nos marque, nos selle. Porque todo será lo mismo. No hay una fuerza central que nos condicione.

19.- ¿Y usted cree que esto nos falta a nosotros?
RESPUESTA: Cada uno es el mejor testigo de sí mismo. Pero comencemos por saber que el Bautismo no nos ha marcado porque lo hemos recibido casi de modo inconsciente. Por tanto, ¿podemos acaso decir que estamos marcados por nuestro bautismo? ¿Tan marcados que el bautismo se convierte en la fuente de nuestro modo de pensar, nuestro modo de actuar?

20.- ¿Usted se siente realmente marcado bautismalmente?
RESPUESTA: Yo más bien diría que me siento marcado vocacionalmente. Yo recibí como la mayoría el Bautismo muy de niño. Pero donde me siento marcado por la voluntad y el amor de Dios es mi vocación. En mi llamada a la vida religiosa y sacerdotal he tenido señales tan claras que me han clarificado todo mi camino.

21.- De ordinario nosotros valoramos a la gente por “su cumplimiento” de las cosas…
RESPUESTA: De ordinario así los valoramos. Sin embargo, nuestra verdad es mucho más honda, más profunda. Somos en la medida en la que el Espíritu actúa en nosotros. Somos en la medida en la que el Espíritu nos lleva y nos guía. Somos en la medida en la que el Espíritu es el alma de nuestro propio espíritu.

22.- Cristianos del Espíritu más que cristianos de la ley…
RESPUESTA: Cristianos del Espíritu que son los únicos cristianos. Por algo el mismo Juan marca su diferencia entre él y Jesús. “Yo bautizo con agua, mientras que Él bautizará con Espíritu y fuego.” Hay vida allí donde podemos ver al Espíritu. Esto tendría que convertirse para nosotros en la verdadera señal que nos identifique.

23.- ¿En qué sentido debiera convertirse para nosotros en la verdadera señal que nos identifique?
RESPUESTA: Juan tiene una conciencia muy clara de cómo reconocer la verdadera identidad del Mesías. Mientras los fariseos reconocen a los suyos por la fidelidad a la ley, el Mesías se conocerá porque el Espíritu Santo se hace visible en Él.

24.-¿Y entre nosotros?
RESPUESTA: La verdadera de la Iglesia no se reconoce ni en la rigidez de sus leyes, ni en la inflexibilidad de sus estructuras, ni en el orden que se impone desde arriba. La verdadera Iglesia la reconocemos cuando vemos bajar sobre ella el Espíritu. Cuando vemos que se mueve al ritmo del Espíritu. Cuando sentimos que la Iglesia no se mueve tanto por las imposiciones desde afuera, cuanto por el dinamismo interior del Espíritu en ella.

25.- Ahora que usted dice estas cosas, estoy pensando que también sería una manera de marcar las verdaderas diferencias entre la Iglesia y la sociedad porque, con frecuencia, uno duda hasta donde distingue el misterio de la Iglesia del resto de la sociedad.
RESPUESTA: La Iglesia socialmente se estructura más o menos como el resto de sociedades. Pero su verdad, su verdadero ser es un misterio de gracia, el misterio del Espíritu en ella. Y qué bueno sería eso que tú pides: que la identifiquemos más por el Espíritu que por sus estructuras externas, por muy necesarias que sean.

26.- Estructuras sí, pero que no ahoguen el misterio y lo escondan.
RESPUESTA: Si ahogamos el misterio perdemos nuestra esencia más profunda. Si lo externo nos hace perder lo interno terminamos quedando vacíos. Nos queda el cascarón.

27.- Padre, usted dijo algo que me causó una cierta extrañeza.
RESPUESTA: ¿Podemos clarificarlo?

28.- Usted decía que Juan, aún antes de conocer a Jesús, ya lo estaba manifestando a Israel. ¿No conocerle y manifestarle?
RESPUESTA: Bueno, no lo digo yo. Lo confiesa el mismo Juan, cuando dice que “Yo no lo conocía, pero he salido a bautizar con agua, para que sea manifestado a Israel.” Cuando Juan comienza, todavía no conoce más que interiormente en su corazón, al Mesías, su misión no es la de anunciar al que le es conocido, sino preparar los caminos para el que está por venir y por llegar.

29.- ¿Significaría que también Juan anunciaba buscando?
RESPUESTA: Tal vez nos pudiera servir la conocida frase de Pascal: “Si lo buscas es que ya lo tienes.” El buscar ya es de alguna manera conocerle, aunque no sea sino en esperanza.

30.- ¿Pero tanto como para darlo a conocer y manifestarlo a los demás? ¿Acaso nos está diciendo que aún los que no le conocen pueden anunciar a Dios?
RESPUESTA: De una manera y otra, todos podemos manifestar a Dios, todos podemos revelarle. Al menos, una cosa sí me queda clara: quien lo busca, por el mismo hecho de buscarlo, ya lo está manifestando de alguna manera.

31.- Sin embargo, el texto termina con una confesión bien explícita: “Yo lo he visto, y he dado testimonio de que éste es el Hijo de Dios.”
RESPUESTA: Juan ha pasado por la doble experiencia. Anunciar al que sabe que viene, pero aún no le ha conocido personalmente. Anunciar al que luego pudo identificar viendo al Espíritu Santo sobre Él. Primero vivió la experiencia del que conoce sin verlo y luego pasó por la experiencia del que conoce porque le ha visto.

32.- Pero Juan no se queda en el simple conocerle. Son muchos los que dicen que conocen a Jesús, que conocen a Dios, pero no pasa nada.
RESPUESTA: El conocer a Dios implica siempre algo más. Las buenas noticias no son para guardarse, son para anunciarse. Juan pasa del conocer e identificar a Jesús a testimoniarlo como el Hijo de Dios.

33.- ¿No le parece extraño el texto cuando dice “testimoniarlo” y no precisamente “anunciarlo”?
RESPUESTA: El testimonio de la propia vida es el mejor anuncio. Más decimos con la vida que con la palabra o, mejor aún, la mejor palabra es el testimonio de la vida.

DESPEDIDA: Sí, amigos, ¿cuándo veremos al Espíritu bajar sobre nosotros y sobre nuestros hermanos? ¿Seremos nosotros los testigos del Espíritu en la Iglesia?

 

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