Biblia para la semana

Santo de la semana: San Francisco de Sales, Obispo y Doctor

Obispo de Ginebra en los tiempos de Calvino y apóstol de Chablais, nació en el castillo de Thorens (Saboya) en 1566 y murió en Lyon el 28 de diciembre de 1622. Pasó la mayor parte de su vida en Annecy, en donde residen sus restos mortales desde el 24 de diciembre de 1623.

San Francisco de Sales es reconocido como el apóstol y pastor de las almas, y a la vez defensor de la Iglesia, sobre todo por sus discusiones con los protestantes.

Es conocido por su obra “La Vida devota”. Un libro de vida espiritual que a lo largo de los siglos ha servido de guía y alimento de infinidad de almas. Lo escribió para aquellas almas que estaban ansiosas de seguir a Cristo, como la baronesa de Chantal. “La Vida devota” es una especie de guía en la que trataba de descubrir los secretos del amor de Dos.

Tal vez lo más original de esta obra sea el hecho de que estaba dirigida a los seglares. Era una manera de despertar la vocación a la santidad de todo el Pueblo de Dios, que luego tanto resaltará el Concilio Vaticano II en la Constitución sobre la Iglesia.

Escribía: “La devoción cuando es auténtica no estropea nada, antes bien, todo lo perfecciona. Hace apacible el cuidado por la familia, más sincero el amor del esposo y la esposa, y más suaves y agradables cualesquiera ocupaciones.”

San Francisco de Sales figura como el “Santo de la Dulzura”, que nada tenía de afectación, sino que le brotaba de un humilde amor hacia los demás. La dulzura como la virtud de los fuertes, de aquellos que encuentra su paz íntima y su equilibrio en una inalterable docilidad al Espíritu.

Su libro sobre “La vida Devota” fue y aun sigue siendo un libro de alimento espiritual de muchas almas, sobre todo para los seglares, e importante por promover la vida espiritual y la vocación cristiana a la santidad en todo el pueblo de Dios.

Dios nos habla esta semana

23 Jueves
San Amasio,
Obispo
1Sam 18,6-9;19,1-7
Salmo 55
Mc 3,7-12

24 Viernes
San Francisco de Sales,
Obispo y Doctor
1Sam 24,3-21
Salmo 56
Mc 3,13-19

25 Sábado
Converisión del Apóstol San Pablo
Hch 22,3-16
o Hch 9,1-22
Salmo 116
Mc 16,15-18

26 Domingo 3 – A
Is 8,23b-9,3
Salmo 26
1Cor 1,10-13.17
Mt 4,12-23

27 Lunes 27
Santa Ángela Merici,
Religiosa y Fundadora
2Sam 5,1-7.10
Salmo 88
Mc 3,22-30

28 Martes 28
Santo Tomás de Aquino,
Sacerdote y Doctor
2Sam 6,12b-15.17-19
Salmo 23
Mc 3,31-35

29 Miércoles
San Gelasio II,
Papa
2Sam 7,4-17
Salmo 88
Mc 4,1-20

30 Jueves
Santa Martina,
Mártir
2Sam 7,18-19.24-29
Salmo 131
Mc 4,21-25

31 Viernes
San Juan Bosco,
Sacerdote
2Sam 11,1-4a.5-10.13-17
Salmo 50
Mc 4,26-34

Pistas para el Evangelio del Domingo 4 – A

Proclamamos el Evangelio de Jesucristo según San Lucas en el Capítulo 2, versículos del 22 al 40 (Lectura abreviaba)

Cuando se cumplieron los días de la purificación de ellos, según la Ley de Moisés, llevaron a Jesús a Jerusalén para presentarle al Señor, como está escrito en la Ley del Señor: “Todo varón primogénito será consagrado al Señor y para ofrecer en sacrificio un par de tórtolas o dos pichones, conforme a lo que se dice en la Ley del Señor.”

Y he aquí que había en Jerusalén un hombre llamado Simeón; este hombre era justo y piadoso, y esperaba la consolación de Israel; y estaba en él el Espíritu Santo.

Le había sido revelado por el Espíritu Santo que no vería la muerte antes de haber visto al Cristo del Señor.

Movido por el Espíritu, vino al Templo; y cuando los padres introdujeron al niño Jesús, para cumplir lo que la Ley prescribía sobre él, le tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo:

“Ahora, Señor, puedes, según tu palabra, dejar que tu siervo se vaya en paz; porque han visto mis ojos tu salvación, la que has preparado a la vista de todos los pueblos, luz para iluminar a los gentiles y gloria de tu pueblo Israel.”
Su padre y su madre estaban admirados de lo que se decía de Él.

Palabra del Señor

PISTAS PARA EL EVANGELIO:

Toda una vida viviendo de una promesa. Toda una vida viviendo de una esperanza.
Toda una vida que no se cansa de esperar.
Simeón vivió y envejeció creyendo a una promesa.
Simeón vivió y envejeció sin cansarse de esperar. La luz tardó en alumbrar.

La noche fue larga como para envejecer.
Pero, la esperanza es así, no tiene hora.
Pero, las esperanzas sembradas en el corazón terminan amaneciendo.
Comienza a hacerse luz cuando sus ojos se están ya apagando.
Pudo abrazar al Salvador prometido, cuando ya sus brazos están cansados.
Dios nos hace esperar.
Dios no funciona al ritmo de nuestros relojes.
Dios no funciona al ritmo de nuestras prisas.
Pero Dios no falla. Dios no nos engaña con sus promesas.
Dios no falla a nuestras esperanzas.

La esperanza es así.
Saber esperar, por más que sintamos que el tiempo pasa.
Saber esperar, por más que sintamos que la noche se hace demasiado larga.
Saber esperar, incluso aunque nosotros nos cansemos de tanta espera.

Por fin, los ojos mortecinos del anciano logran ver al Salvador.
Por fin, sus brazos cansados de anciano logran abrazar al Salvador.
Por fin, su corazón logra estrechar a su Salvador.
Una vida llena de promesas y esperanzas. Para por fin, gozar en la vejez.

Me encanta ver que un anciano logra al final de sus días lo esperado durante toda una vida. Pero más me encanta contemplar a un anciano cantando de alegría por haber logrado lo que siempre esperó.
Me encanta escuchar que al final de la vida alguien puede cantar de gozo y de alegría.

Es la nueva Epifanía de Jesús.
Es la Epifanía de Jesús a Israel en la persona de un anciano que solo espera la muerte.
Es la Epifanía de Jesús a un anciano que está en el Templo.
En la primera Epifanía, los Magos, regresan a sus tierras por otro camino.
No dicen ni palabra, solo adoran de rodillas y se van.
Ahora es la Epifanía del que también quiere regresar con la vida plena y realizada.
María y José miran, callan y su corazón vive y siente.
Mientras tanto, alguien cargado de años, siente el gozo de haber vivido.
Siente la alegría de María y José.
Siente la alegría dejándose abrazar por quien supo esperar.
Pero, confieso que hoy siento la alegría de un anciano que lleno de gozo, ya no le importa prolongar su vida. Le basta “que sus ojos le han visto”.

Clemente Sobrado cp.