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DOMINGO 14 - C / 7 de julio del 2019

 
   

"OS MANDO COMO CORDEROS ENTRE LOBOS"

 
   

 

 
     
     
   

Un Evangelio que Jesús pudiera anunciar hoy. Es fácil anunciar la fe en ambientes ya creyentes, lo difícil es anunciar el Evangelio en ambientes de indiferencia, de frialdad, de incredulidad. Peor aún, cuando se trata de anunciar el Evangelio en ambientes de quienes un día creyeron y hoy viven en la incredulidad. También es difícil proclamar el Evangelio en ambientes donde nunca se creyó en el Evangelio sino que se han seguido otras doctrinas religiosas.

Hoy el ambiente es diferente. Hay que proclamar el Evangelio a quienes un día dicen haber tenido fe, pero que la han perdido o simplemente han renunciado a ella. ¿Cómo hacer que el Evangelio sea buena noticia, sea un acontecimiento en este clima? Tal vez el peor obstáculo haber creído tener fe pero que nunca se ha vivido sino muy a medias. Porque esta gente cree conocer ya el Evangelio, cuando en realidad tienen una noticia demasiado vaga de Él. Y esto se convierte en un gran obstáculo para creer.

Esto nos plantea serios problemas y que en este Año de la Fe no debiéramos dejar pasar por alto. En primer lugar, necesitamos ser creativos para hacerle verdadero Evangelio. Nos obliga a buscar caminos diferentes a los del pasado. En segundo lugar, es posible que el anuncio del Evangelio más que por los caminos de la enseñanza y predicación tenga que hacerse por el camino del testimonio y de la vida. Lo cual es un verdadero compromiso para cuantos todavía decimos creer.

Pero también esto tiene sus ventajas. Antes se podía creer sin mayores esfuerzos y también sin mayores compromisos. En tanto que hoy se nos cuestiona nuestra autenticidad y nuestra propia vida. Siempre he creído que las crisis pueden ser mortales, pero también caminos de vida. Que antes se podía creer sin tener demasiada fe, hoy eso no sirve. Hoy sí se cumple que somos “corderos entre lobos”, son precisamente los lobos los que nos obligan a acercarnos a ellos con otras defensas y con otros argumentos. Hoy sí se cumple aquello de Pedro: “Sabed dar razón de vuestra fe a quienes os pregunten.” Esto nos obliga a vivir con mayor hondura y convencimiento y también con mayor conocimiento. El invierno no madura las mieses, pero les da mayor vitalidad a las raíces. ¿No será también esto lo que nos acontece hoy? Es el momento de mayor sinceridad. Es el momento en que quien decida creer tiene que hacerlo con mayor convencimiento. Sobretodo, hoy nos exigen menos palabras, que también son necesarias, pero mayor testimonio de vida. “No hay mal que por bien no venga.”
 
         
     

HABLAR DE ÉL

Gran parte de mi vida la pasé hablando de Dios.
Y no lograba hacerme amigo de Dios.
Hablaba de Él y lo hacía convencido.
Hasta que un día me convencí de que todo quedaba en ideas.
Y entonces cambié.

Comencé a hablarle a Dios.
En vez de hablar de Dios a los demás,
comencé a hablar personalmente con Dios.
Y aquí algo empezó a cambiar.

Ya no era la cabeza la que trabajaba pensando en Él.
Fue el corazón el que fue cambiando en mí.
Es que, no es lo mismo hablar de alguien, que hablar con alguien.
No es lo mismo hablar de Dios, que hablar con Dios.
No es lo mismo saber cosas de Dios que sentirle y experimentarle.
No es lo mismo tener ideas de Dios, que sentir a Dios en el corazón.
Las ideas nos hacen intelectuales de Dios.

Los sentimientos nos hacen místicos de Dios.
Las ideas nos convierten en maestros sobre Dios.
La experiencia nos convierte en testigos de Dios.

No es lo mismo decir “sé cosas de Dios”,
a decir, “yo experimenté a Dios”.
Tenemos que hablar de Dios.
Pero antes tenemos que hablar con Él.

Quien sólo habla de Dios, puede ser un maestro que enseña.
Quien habla con Dios, puede ser un místico que lo vive.

 
     
         
     

ME GUSTAN LOS DESAFÍOS

Hay quienes buscan siempre el camino de lo fácil.
Sin embargo, el camino de Jesús tuvo bien poco de fácil, fue siempre difícil.
Hay quienes buscan hablar de Dios allí donde todos creen en Él.
A mí me gusta que alguien hable de Dios allí donde Dios parece estar de sobra.
Hay quienes buscan confesar su fe allí donde todos la confiesan.
A mí me gustan esos que confiesan su fe donde los hace extraños y raros y que la gente los mira como especies en extinción.
A Jesús no le fue nada fácil anunciar el Evangelio, siempre tenía espías que estaban atentos a lo que decía.
A nosotros nos toca anunciar el Evangelio, aunque nos consideren raros y extraños.

Los primeros cristianos no predicaron el Evangelio entre creyentes sino entre paganos y gentiles. No les fue nada fácil. La prueba la tenemos en la cantidad de mártires de los primeros siglos, precisamente por romper con los ídolos y anunciar el Evangelio de Jesucristo.

Claro que solo es posible arriesgarse a aquello en lo que se cree de verdad y de corazón. Con dudas, con indecisiones, no será fácil proclamar nuestra fe en climas y ambientes hostiles. Pero es ahí a donde tenemos que ir y no quedarnos al calorcillo de las misas dominicales. Por eso mismo Jesús nos considera “como ovejas”, pero no pastando con el resto del rebaño, sino entre lobos. También hoy son muchos los que encuentran lobos en el camino. Los peores lobos, aunque parezca mentira, suelen ser aquellos mismos creyentes que no viven de su fe. ¿Acaso el ambiente en tú vives está dispuesto a escucharte si hablas de Dios, de la Iglesia y del Evangelio? Se dicen creyentes, pero puede que sean los primeros en escucharte con una sonrisita maliciosa. La Iglesia pareciera que tiene que pasar por las cuatro estaciones y hay momentos en los que el invierno se prolonga más que la primavera.
 
     
         
     

CORRESPONSABILIDAD DE LOS LAICOS

En un mensaje en un Foro Internacional de la Acción Católica, Benedicto XVI hizo una invitación a “un cambio de mentalidad”. “Queridos amigos, sentid como vuestro el compromiso de trabajar para la misión de la Iglesia: con la oración, con el estudio, con la participación en la vida eclesial, con una mirada atenta y positiva al mundo, en la búsqueda continua de los signos de los tiempos. No os canséis de afinar cada vez más, con un serio y diario esfuerzo formativo, los aspectos de vuestra vocación de fieles laicos, llamados a ser testigos valientes y creíbles  en todos los ámbitos de la sociedad, para que el Evangelio sea luz que lleve esperanza a las situaciones problemáticas, de dificultad, de oscuridad, que los hombres de hoy encuentran a menudo en el camino de la vida.”

El Papa emérito no quiere laicos pasivos que simplemente se dedican a mirar, sino que quiere laicos que saben mirar, saben juzgar, y saben buscar soluciones, no siempre fáciles.

Con ello, Benedicto XVI no pretendía un Pueblo de Dios pasivo, que se instala en el pasado, sino un Pueblo de Dios que sabe mirar hacia delante. Un pueblo de Dios, mayor de edad que no necesita le estén diciendo cada día lo que tiene que hacer, sino creativo de nuevos caminos y soluciones nuevas.

Por fin comenzamos a reconocer la mayoría de edad de los laicos y comenzamos a considerarlos no solo como oyentes sino como miembros activos y dinámicos, tanto en el aspecto eclesial como temporal.
 
     
         
     

ATRÉVETE A CREER

  1. Atrévete a creer. Atrévete a fiarte de Dios aunque te falle el piso entero bajo tus pies. Tu mayor acto de fe lo harás el día en que no tengas nada en qué apoyarte y te agarres única y exclusivamente de las manos de Dios, sin miedo a que te suelte. ¿Te atreves a creer así?
  2. Atrévete a creer. Atrévete a renunciar a tu manera de pensar y ver las cosas y arriésgate a verlas siempre desde Dios y de cómo las ve Dios. Cuando sea noche total en tu vida, tú sigue adelante sin más luz que tu confianza en que Dios no te engaña. ¿Te atreves a creer así?
  3. Atrévete a creer. No sólo con la cabeza. Es muy fácil creer con la cabeza. La verdadera fe es creer con la vida. Que tu misma vida sea una confesión clara y nítida de fe. Quien cree con la vida vive de la fe y la fe se hace vida y la vida se hace fe. ¿Te atreves a creer así?
  4. Atrévete a creer. No sólo cuando todos creen, esa sería posiblemente una fe social. Tú estás llamado a creer precisamente cuando los demás se cierran a la fe y aún te dicen que creer es una tontería. Llamado a creer, aunque por ahí te cuenten el cuento de que la fe te da la respuesta a todo. ¿Te atreves a creer así?
  5. Atrévete a creer. No cuando todos te aplauden sino cuando todos te critican y aún se ríen de ti. Ahí es donde Dios está necesitando testigos. Dios no necesita tanto de testigos entre los que ya tienen fe, sino precisamente allí donde no hay fe. ¿Te atreves a creer así?
  6. Atrévete a creer. Incluso cuando tengas que confesar tu fe con el testimonio de tu propia vida. Los mártires murieron por su fe, su único delito fue creer. Cuando tu fe sea rubricada con tu propia vida, sentirás que valió la pena creer de verdad. ¿Te atreves a creer así?
  7. Atrévete a creer. Que tu fe llegue a fastidiar a los dormidos, a los que viven anestesiados. El mejor signo de tu fe es que donde tú estás los demás se sienten incómodos. Esa es la señal de que estás emitiendo mensajes que cuestionan sus vidas. Una fe que cuestiona a otros es verdadera. ¿Te atreves a creer así?
 
 

   

 

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